Sofía
Hay un instante, casi invisible, en el que el arte deja de ser esfuerzo y se convierte en aliento. En el flamenco, ese instante se reconoce en el temblor de una mano, en el golpe preciso de un tacón, en el silencio que precede al quejío. Es ahí donde nace su magia: en lo que no se puede medir ni explicar, solo sentir.