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A golpe de gas: la calma

Hay curvas que no solo pertenecen a la carretera. Las hay dentro, invisibles, torcidas por el peso de los días, por lo que no se dijo, por lo que se arrastra sin darse cuenta. Y, sin embargo, basta una línea de asfalto que se pliega suavemente ante ti para empezar a ordenarlas. Trazar una curva es un gesto mínimo, casi mecánico. Inclinar, sostener, salir. Pero en ese movimiento sencillo ocurre algo más profundo: el mundo deja de ser una carga y se convierte en un flujo. No hay pasado en el vértice ni futuro en la salida. Solo ese punto exacto donde todo exige presencia. La mente, que insiste en dispersarse, encuentra por fin un límite. No puede ir más rápido que el cuerpo ni más lejos que la mirada. Y entonces, casi sin querer, se aquieta. No es huida. Es ajuste. Cada curva bien tomada es una pequeña reconciliación. Con el tiempo, con uno mismo, con esa necesidad constante de control que, por un instante, se transforma en equilibrio. No perfecto, no eterno, pero real. Y en ese ir y ven...

Geometría en el bosque

El bosque no me invita a avanzar, sino a detenerme y observar cómo las copas se entrelazan y el cielo apenas encuentra espacio. 


La vida entera parece detenerse ante esta majestuosa simetría imperfecta, que arroja una extraña sensación de orden dentro del caos.

Cada árbol ocupa su lugar, cada sombra cae distinta. Y en medio de esa repetición casi hipnótica, uno entiende que la naturaleza no necesita nada más para imponerse.


bosque de pinos

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"En nombre de los bosques, de los mares, de los ríos, del sol y la montaña, en nombre de los seres y hogares que han caído en la red de tu guadaña:

te maldigo, dolor, que nos persigues, que nos clavas los dientes y las garras, y que de nuestras vidas solo consigues hacer un cementerio de guitarras.

No te queremos ver, dolor amargo, ni sentir tu presencia en nuestra vía. Queremos un camino libre y largo, un sol de libertad y de alegría.

Que no vengan tus sombras a acecharnos, que no vuelvas tus ojos a mirarnos, y que si has de venir a visitarnos, no sea para siempre, ni a enterrarnos"

En nombre de los bosques, Miguel Hernández

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