Cuando la sala espera

 

El aroma de las historias ausentes

Hay un rastro que ninguna cámara puede captar, pero que lo inunda todo: ese aroma dulce y salado a palomitas que impregna el terciopelo de las butacas. Es la memoria de lo que sucede cuando las luces se apagan.

Foto iPhone 16 Pro Max

El contraste es casi irreal. 

El rectángulo de luz brilla con una intensidad que parece purificar el aire, mientras las sombras ocultan el vacío de los pasillos. Es un escenario suspendido en el tiempo, esperando ese instante en el que el silencio se rompa con el murmullo de la gente buscando su asiento a oscuras.

Me gusta pensar que, en este vacío absoluto, esos pequeños detalles son los que mantienen la sala viva. La claridad nos guía hacia el lienzo en blanco, pero son los sentidos los que nos recuerdan que el cine no es solo imagen: es un refugio donde los fragmentos de vida se comparten en la penumbra.

Aquí, frente a esta catedral de sombras, solo queda esperar a que el proyector despierte.

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